lunes, 11 de agosto de 2014

05. EDUCACIÓN Y FELICIDAD

     Un hombre, desvinculado de toda realidad, despojándose de su dignidad personal, reduciendo el Universo a un mundo asible, útil y aparente, busca una felicidad no perecedera. Sin embargo, tras programas, planes o proyectos que se pone como meta de vida, sólo logra bienestar, placer, euforia, alegría por unos momentos más o menos prolongados.

     Cada meta lograda, crea en él la ilusión de alcanzar una felicidad infinita. Pero, es, entonces, cuando se da cuenta que se ha movido en un nivel de finitud que le apresa en lo momentáneo y que, tras la celebración o embriaguez de un pequeño o gran éxito, viene nuevamente esa tensión de infinito y esa sensación de vacío, soledad, insatisfacción o hastío. Casi podría decir que era más feliz durante sus sueños y lucha por construirlos que ahora; una vez logrados…

    De pronto, el hombre toma consciencia de sí, de su diferencia de anhelos, de amores, de vocación, de trascendencia. Sí; cuando niño o adolescente, soñábamos con logros para sí, para los nuestros e incluso para toda la humanidad. Ya jóvenes, con grandes ideales, comprometíamos nuestra vida por “todos”, por no ser uno más del montón de ególatras y dar de sí, si era necesario, la vida. Pero, simultáneamente, nuestras experiencias de vida, una y otra vez; empiezan a llevarnos al dolor de la impotencia; a sentirnos defraudados ante las respuesta de aquellos que creíamos nuestros amigos de ruta o agradecidos; incluso, lo que es más fuerte aún, nos decepcionamos de nosotros mismos: de nuestras debilidades, de nuestras respuestas…

   Entonces viene la crisis, aquella que marcará nuestras vidas: la oportunidad de renunciar a nuestros ideales o seguir adelante y crecer. También vienen una serie de preguntas: ¿Por qué yo? ¿Por qué la vida es así? ¿Por qué me duele el dolor de los demás; en cambio pareciera que el vive para sí es más feliz? ¿Más feliz? ¿Puede ser más feliz quien ha renunciado a lo mejor de sí; pero qué es lo mejor de sí? ¿Qué piensa o siente el hombre que ha renunciado a todo auténtico ideal; qué encuentra dentro de sí y qué es un ideal? ¿No será mejor no pensar, huir de todo sueño, de los otros y de sí?

    Víctor Frankl decía que la felicidad no se busca; que llega como un don cuando te pones como propósito dar lo mejor de ti. Por mi parte, y sustentándome en este pensamiento, la forma de vivir la vida me ha permitido descubrir que los obstáculos, problemas o el sufrimiento no mitigan la felicidad; sino que forman parte de “escenas” de nuestra vida, si tenemos como base y horizonte un sentido, un amor que trasciende cada acto: el sentido de vivir, o mejor dicho, el misterio del sentido de nuestra existencia.

Nuestras crisis

            Etimológicamente, el concepto “crisis”, proviene del griego “krinein” que se traduce como separar, dividir, decidir, elegir…

         Romano Guardini, profundo conocedor del alma humana, decía que cada etapa de la vida se caracterizaba por una crisis cuya superación, condicionaba el paso a la etapa posterior. Así, podíamos entender por qué algunas personas no seguían el camino de madurez propio de toda vida; sino se quedaban ancladas en la adolescencia o alguna otra etapa.

        Recuerdo haber leído que para los chinos, la palabra crisis tenía dos significados: quiebre y oportunidad…El psicólogo C. Jung destacó el estado de alerta que se produce en una crisis. Tiene razón; cuando todo parece funcionar como es de costumbre, tendemos a comportarnos como es ya habitual, sin cuestionarnos, sin indagar. Es claro, si siempre pasa el bus por donde mismo, nosotros también, sin mayor preocupación, haremos lo mismo. Pero si una vez en el paradero, no ocurre lo que esperábamos, entramos en un estado de alerta, alarma, indagación… Se ha perdido una especie de continuidad de nuestra historia, para dar lugar a un hito, a un acontecimiento que implica una situación problemática que resolver.

      Así, cuando estamos en crisis, sentimos que algo que parecía seguro, estable, se tambalea y nos lleva a una serie de cuestionamientos, dudas, incertidumbres… En un primer momento, tal vez nos acongojamos, porque no sabemos a qué atenernos. Debemos replantearnos nuestra vida y talvez la de otros; luego tomar decisiones, elegir un nuevo enfoque de nosotros mismos, de algún aspecto de nuestra existencia o de su sentido; a veces, cambia nuestra perspectiva, concepto o valoración de los demás o del mundo. Es claro que la crisis nos ofrece la gran oportunidad de crecer, de salir fortalecidos; pero tampoco es menos verdad, que implica un riesgo, pues podemos ser superados por la crisis en vez de superarla a ella. Por supuesto, que dependiendo de la índole y gravedad del problema y de nuestra condición humana, podremos superar la crisis por sí mismos, o bien, requeriremos de ayuda de los demás. No es lo mismo hablar de crisis personales cuando se es niño, adolescente, joven, adulto o anciano; tampoco es lo mismo una crisis de identidad, que una crisis familiar, nacional o mundial; como también hay que distinguir entre crisis económicas, laborales, políticas, morales, religiosas, culturales, etc.

         No cabe duda, entonces, que toda crisis lleva consigo un riesgo (la no superación y, consecuente decadencia) y una oportunidad (su superación y nuestro fortalecimiento). Superar una crisis implica, por lo tanto, detectar y saber cómo enfrentar los peligros o amenazas, el caos, lo insano, la violencia, lo aparente, lo superficial, un sin sentido que pueden estar incoados en una persona, un estilo de vida o moda, una ideología, una creencia, una instancia de poder, etc. Hay que distinguir entre lo que hay que salvar y atesorar y lo que hay que desechar. Las crisis nos exigen un mayor esfuerzo, dolor, separación, dejar atrás; pero para mirar hacia delante, con esperanzas de un mejor futuro, de construir. Implican un no dejarse estar; un no dejarse llevar; por lo mismo, requieren de nuestra persistencia, perseverancia, ingenio, amor y valentía. Superar una crisis es superar lastres de de mal vivir; implica purificar, limpiar, ordenar, vislumbrar. Por todo lo que una situación crítica requiere de nosotros, su superación exige no caer ni en el pesimismo derrotista o depresivo; ni en el optimismo ingenuo y desprevenido.


ACTIVIDAD PARA SER DESARROLLADA EN EL DIARIO PEDAGÓGICO

1.  Lea cada párrafo y extraiga una enseñanza educativa.  
2. ¿Se relaciona la educación con la felicidad? ¿Por qué?
3. ¿Crisis o decadencia? Analice los siguientes vídeos: 




4. ¿Cuál es la importancia de la educación en las situaciones de crisis?

8 comentarios:

  1. Saramago decía : ''La felicidad no es otra cosa que estar en paz consigo mismo''
    Maturana explica en una entrevista: -Supongo que el no tener aspiraciones ni deseos, vivir la vida en la armonía de las circunstancias.
    Esto no quiere decir vivir flotando. Uno hace lo que hace porque quiere hacerlo y si no resulta, hace otra cosa. (…) La gente cree que la felicidad está en todas las cosas que uno hace, algunas andan más o menos, algunas resultan bien, otras mal, la infelicidad es el apego a que resulten bien, uno se entusiasma, se ciega en la celebración.
    Entonces uno anda por la vida de saltos en saltos, de la angustia a la felicidad. …

    Para Platón, la felicidad es posible cuando el hombre puede contemplar las esencias de las cosas que para este filósofo son las ideas de Dios. Se refiere a ver con el intelecto, más allá de la ilusión que nos ofrecen nuestros sentidos.

    La definición de felicidad que figura en el diccionario nos dice entre otras cosas, que la felicidad es el estado del ánimo de satisfacción y contento que se complace en la posesión de un bien.
    Por cierto esta definición solo puede ser correspondiente al concepto materialista, solo identificable con sociedades que privilegian el consumo por sobre el hmbre, concepción del TENER con el SER.
    Si realizáramos el ejercicio de retrospectiva de nuestras vivencias nos encontraremos que en la adquisición de un bien nos trajo una satisfacción significativa, pero no es menor el redescubrir que dado el tiempo el estado de interés va decayendo en forma rápida en comparación con el estado de satisfacción junto a la ansiedad que nos provocara el antes de tenerlo.
    Si solo los remitiéramos a la definición anterior estaríamos frente a concepción de felicidad solo momentánea y perecedera, que sin duda nos dejara un espacio que solo se podrá satisfacer en la carrera de otro deseo…
    Sera entonces que las palabras de Platón toman certeza cuando establece que “Para que el hombre pueda alcanzar la felicidad es necesario la práctica de la virtud”…¿que solo se logra cuando el hombre propenda a la busque da de la sabiduría?
    Platón sostenía, que el hombre para encontrar la felicidad debía parecerse a un Dios…que para llegar a serlo se llegaba a través del saber, y lo sostenía con tal vehemencia pues decía, ya que los dioses se ocupan de cuidar a todos los que desean ser justos.
    La felicidad asociado a la Justicia.
    La virtud es la piedra angular del conocimiento
    Desde este concepto me inclino a pensar de que la felicidad radica en nosotros y el valor que le demos a nuestras vidas en la perspectiva de transformación permanente a través del conocimiento.

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    1. felicitaciones Rubén por participar en el blog. Totalmente de acuerdo con Platón. Cuando estamos en armonía con nuestro ser, somos felices. Y estamos en armonía cuando nuestra alma está en paz por el bien realizado.... (me refiero al bien moral) Somos felices haciendo feliz a los demás... por ello educar nos hace sentirnos plenos.

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  2. 2. ¿Se relaciona la educación con la felicidad? ¿Por qué?
    Si ser feliz es un proceso humano, y la educación es una necesidad de la humanidad para la sabiduría y el conocimiento ¡porqué han de estar desvinculadas una de la otra?
    En lecturas anteriores concluíamos que el educar es un proceso humano tan antiguo como el mismo hombre.
    Es un proceso fundamental para la conservación de la especie esencial para la subsistencia de los grupos humanos.
    Por intermedio de la educación, el hombre transfiere conocimientos, experiencias, cultura, valores y normas.
    Una buena educación es aquella que propicia la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos sin distinción de credo, origen, raza, género o ideología, por tanto va en la perspectiva de la satisfacción plena de los individuos.
    Entones, si la educación se proyecta al bien común, y a derribar las barreras de marginación social, si concordamos que la educación es un proceso que nos ayuda a vivir de una manera consiente y en búsqueda de la sabiduría…entonces estamos definitivamente ante la felicidad.
    Desde esa óptica o perspectiva la educación propicia la felicidad. tanto individual como colectiva.



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  3. 3. ¿Crisis o decadencia? Analice los siguientes vídeos:

    Existen diferentes etapas en todo desarrollo y en todo orden de cosa y esto por cierto incluye al desarrollo humano, estas etapas son propias de la existencial, son parte de un ciclo evolutivo.
    Estos ciclos implican cambios, estos cambios son propios de todo ciclo vital y son transitorios.
    Son etapas, o pasos de un estadio a otro, en el proceso de un cambio a otro se producen disfunciones, si pretendemos que estos cambios pasen desapercibidos nos encontraremos con traumas y frustraciones, desorganización e inestabilidad.

    La crisis es un proceso de crecimiento, por tanto son evolutivas, esto cambios se refieren - o pueden - ser biológicos, psicológicos y sociales; estos cambios suelen cambiar las antiguas estructuras que se encontraban relacionando lo uno con lo otro, llevando a generar otras relaciones, distintas y nuevas, estos cambios son de desarrollo.
    Como el desarrollo del ser humano, debe entenderse entonces que una crisis permanente, es un paso en un proceso de crecimiento, sea este espiritual, cultural, o físico,

    En cambio en su estricto rigor la decadencia en lo “artístico o cultural, un estado, o una sociedad es considerada “como la pérdida progresiva de la fuerza, intensidad, importancia o perfección de una cosa o una persona”…”perdiendo la fuerza o los valores que lo constituyen y se debilita hasta desintegrarse….”
    Considerado como un colapso social (la quiebra a gran escala o un declive a largo plazo de la cultura, las instituciones civiles o de otras características principales de una sociedad o civilización):
    Desde ese punto de vista crisis no se relaciona con decadencia,

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  4. ¿Cuál es la importancia de la educación en las situaciones de crisis?

    Si reconocemos la crisis como las diferentes etapas en todo proceso o desarrollo y en todo orden de cosa y que estos ciclos implicaran cambios, y estos cambios son propios de todo ciclo vital y que edemas son transitorios; les reconocemos como etapas, o pasos de un estadio a otro, y que ente proceso se producirán disfunciones, traumas y frustraciones, desorganización e inestabilidad.

    La pregunta es ¡cómo podemos reconocerlos y diferenciarles de un proceso de decadencia?
    Pues bien la respuesta es la educación:
    Por intermedio de la educación, el hombre transfiere conocimientos, experiencias, cultura, y valores. La educación se proyecta al desarrollo consiente del ser humano y en búsqueda de la sabiduría; entonces definitivamente la educación nos permitirá discernir entre una situación o la otra.

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    1. Perfecto. De vez en cuando, junto a un café, debieran con Walter reunirse para conversar de estos temas... hace bien compartir para saber que no estamos solos; que otros van por el mismo camino...

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  5. He hecho un gran esfuerzo por no dejarme abatir, supongo que esto me hace más educable.

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