ACLAREMOS QUÉ ES EDUCACIÓN

¿Qué es Educación?

¿Es real la educación, existe como una realidad independiente del ser humano o existe como una dimensión que caracteriza nuestra existencia? ¿Por qué y para qué nos educamos?

1º  La educación no es “una” realidad que posea un ser independiente de nosotros; sino que cualifica a cada persona: su forma de ser, actuar, obrar… Por ello afirmamos que tal o cual persona es más o menos educada, que es educando o educador(a), que es educable…  ¿A qué nos referimos, entonces, cuando hablamos de educación?  Por ahora, lo importante es tener presente que la educación no es una realidad que pueda existir independientemente de cada ser humano (no posee substantividad). Por ello, nadie podrá decir que se encontró con la realidad educación sino con alguien que se está educando, que desea ser un buen educador, que actúa educativamente… Aclaremos, eso sí, que la educación no nos hace personas, sino que  porque somos personas somos educables (poseemos la potencialidad de educarnos) y actuamos educativamente.

2º  La educación es una acción real exclusivamente humana: Conscientes de nuestro ser, de nuestra perfectibilidad, surge en nosotros el deseo de perfeccionarnos: Así, llamamos educación al perfeccionamiento voluntario de nuestro ser personal. La educación es la acción constante de perfeccionamiento que surge desde nosotros; desde nuestra voluntad: anhelamos ser mejores personas, esto es, deseamos actualizar nuestras potencias acorde el verdadero ser que realmente ya somos pero en potencia que hay que actualizar, existir... El descubrimiento y luego la actualización del auténtico ser que somos, el existir en forma  auténtica, dará lugar a expresiones como: es una bella persona, es una persona honesta, auténtica, bondadosa, veraz.
        La educación se diferencia de otros perfeccionamientos que también se dan en nosotros pero que no son voluntarios, sino propios de la naturaleza orgánica de nuestro cuerpo; así, el perfeccionamiento evolutivo, propio de la especie (de la estructura genética) y el desarrollo ontogenético, que se da en cada realidad orgánica, acorde su contenido genético. En este sentido, vegetales y animales también evolucionan y se desarrollan pero este perfeccionamiento, que deriva de su estructura orgánica, no es educativo, pues no es intencional, no es voluntario. De la semilla de una flor brota la raíz, tronco, hojas… pero ello no es voluntario sino espontáneo, acción absoluta de su naturaleza en interacción con el medio o hábitat.  Nuestro cuerpo también evoluciona y se desarrolla en esta forma natural, no voluntaria: es propio de nuestro desarrollo biológico que los dientes de leche empiecen a ser sustituidos por los definitivos a los seis años… pero este desarrollo, no tiene las características del perfeccionamiento educativo.

Vegetales, animales no se educan, pues no requieren educarse para una existencia plena ya que sus respuestas o acciones están predeterminadas por su naturaleza orgánica.  Nosotros, en cambio, requerimos de un perfeccionamiento intencional, voluntario que trascienda lo orgánico, de tal forma responda a la naturaleza esencial de  nuestro verdadero ser: Necesitamos actualizar las potencialidades del cuerpo para ponerlas al servicio del ser personal que somos.  Así, agudizamos el oído para aprender a apreciar la música, diferenciar entre lo que es valioso de ser escuchado y lo que es dañino, lo que son los latidos de un corazón sano y uno enfermo… Actualizamos las potencialidades de nuestros movimientos hasta crear la danza, la marcha, el yudo… Actualizamos nuestro tacto para acariciar o leer braille… La educación es una expresión del ser personal que somos; de un ser trascendente que supera tiempos y espacios…

4º El perfeccionamiento educativo no es instantáneo, implica un proceso que se inicia con la intención de educarse y no tiene término sino que forja una vía de ascenso, de superación.  La intención de ser mejores, de educarnos, es una actuación de la voluntad que debe mantenerse a pesar de los obstáculos que encontremos en el camino.  Es lo que llamamos fortaleza.  El vídeo del joven chino, ganador del concurso de piano, es un gran ejemplo educativo, el poder de la fuerza de voluntad de ser, de amar...  Este joven descubre que él es pianista pero para serlo, a pesar de  no contar con brazos, debe desarrollar otras potencialidades de forma no habitual y con un gran esfuerzo: Debe hacer que los dedos de sus pies adquieran las potencialidades de sus manos, para así, en contra de su disposición natural espontánea, sirvan a su vocación de pianista.  Es esta fuerza de la voluntad la que explica por qué muchas veces, personas con grandes potencialidades, desde el punto de vista orgánico, no se realizan sino se pierden, se auto destruyen.

5º  Decimos que toda persona es educable, aludiendo a la educabilidad propia de todo ser humano, esto es, a la potencialidad o capacidad de educarse.  Decimos que es un educando para señalizar que inició el proceso educativo.  La intención de ser mejores como personas implica decisiones educativas (y hay que saber decidir en forma oportuna, constante y correcta) e innumerables, constantes y esforzadas acciones educativas que ponen en acto nuestras decisiones.  Hay un pensamiento muy conocido que dice: El cementerio está lleno de personas que sólo tuvieron buenas intenciones pero nunca las llevaron a cabo.  No es suficiente la intención de ser mejores, hay que ser perseverante, hacer lo que se debe hacer para ser quien se debe ser.  A veces, la lucha no es con los límites del organismo sino con la falta de perseverancia, la indisciplina o desorden, la flojera, la comodidad, las conveniencias o nuestros destructivos miedos…

6º  Cada logro educativo, cada perfeccionamiento logrado (actualizado) nos caracteriza como personas educadas, esto es, como personas que no sólo han descubierto su verdad real como personas sino que la han ido actualizando…. Sin embargo, insisto, nuestra existencia es perfectible hasta el último instante de vida.  Siempre podremos ser mejores; más generosos, más justos, más misericordiosos, más prudentes: más sabio-amantes.  (Recordemos que sabio es quien saborea la verdad; no sólo descubre la verdad real sino la ama, esto es,  la asume como principio de vida que por amor al Universo y a los mundos que en él conviven, se dedica a  entenderlos, cultivarlos  y enseñarlos.  Debemos descubrir la verdad real de nuestro ser (nuestra esencia) para realizarla, esto es, existir conforme a ella y actualizarla.  Así, mientras nuestro ser más se perfeccione, mayor será el bien real que actuará sobre sí y los demás.  Nuestra presencia verdadera será verdadero bien y belleza de ser.  (En los llamados “concursos de belleza”, donde se elige la cara más bonita y el cuerpo anatómicamente más perfecto, se hace mal uso de la palabra belleza; pues debiera llamarse bonito-a aquello que puede ser agradable a la mirada superficial que emerge de arbitrarios gustos por ciertas formas y colores de los cuerpos, sin atender a su valor real, esto es, sin atender a su verdadera realidad.)

7º  No sólo hay que descubrir la naturaleza, hay que amarla y cultivarla; no sólo hay que descubrir al ser humano, hay que amarlo y cultivarlo; no sólo tenemos que descubrirnos a nosotros mismos, tenemos que amarnos y cultivarnos. La educación implica la realización del valor de nuestra realidad; no sólo su descubrimiento.   Podemos descubrir el bien real y no realizarlo; descubrir la verdad real y no realizarla, descubrir la belleza real y no realizarla… Ahora bien, quien descubre y realiza su ser real, es feliz y descubre que es feliz porque hace feliz a los demás: Quiere saber más del cuerpo humano, para sanar o disminuir el dolor de los enfermos; quiere saber qué es la justicia para ser más justo y contribuir con leyes más justas y hacer juicios justos, quiere entender  la naturaleza para nutrir la tierra…  Por ello la educación tiene que ver con la felicidad; pues quien realiza su verdadera realidad es feliz cooperando con la realización de los demás.
                La persona egoísta, avara, injusta, imprudente, destructiva… aparentará felicidad, mas sólo sabrá de momentos de placer pero nunca de felicidad real.  Quien es feliz lo es: no está feliz sino “es” feliz y nada puede quitarle la felicidad; pues es una cuestión de ser.  Así, ni el dolor que se opone al placer o bienestar, ni los obstáculos que se sabe siempre existirán, impiden a quien es feliz, serlo.  En una vía educativa, en un camino de perfección, de superación educativa, el dolor, los problemas, el error, son los retos propios de todo existir; pues se sabe que es, precisamente su superación, lo que nos hará crecer como personas.  El error también es parte del crecimiento para quien ama: es fácil errar para quien intenta alturas donde no es fácil llegar o para quien se inicia en la vida: no hay libros sobre tu vida, es única y cada segundo lo estás construyendo por primera y única vez: Lo noble y valioso es levantarse y aprender de la caída; la educación siempre mira el futuro para proyectarse, tomar decisiones, ser y hacer mejor, rectificar.  El pasado ya pasó, no se puede cambiar; el futuro aún no es; en él está la esperanza y debe ser proyecto: hoy es cuando hay decidir cómo seremos, cómo actuaremos, cómo anhelamos actualizar nuestra existencia para realizarnos y realizar a los demás.

8º  Por ello, no es lo mismo persona instruida o erudita que persona educada o culta; no es lo mismo instructor que educador.  Llamamos instrucción a la adquisición y entrega de conocimientos, estrategias, habilidades específicas.  Así, hablamos de instructor e instruidos. Una persona puede tener 18 años de instrucción y ser muy instruido en justicia: saberse las leyes, dar conferencias sobre lo que es la justicia y él, realmente, ser injusto, esto es, no educado.  La instrucción no nos dice quién realmente eres tú; la educación, sí.  Por ello, hablar de la calidad de la educación es hablar de la calidad de persona que queremos ser: es una cuestión de moral, de formación de valores y no de mera instrucción.
                Lo anterior no quiere decir que la instrucción sea necesariamente ajena a la educación; pues si quiero sanar a mi amigo de un cáncer, tengo que instruirme en el tema; mas ello no será suficiente para ser educado; pues podemos ser médicos irresponsables, insensibles, usureros… La educación tiene que ver con nuestro ser, con su perfeccionamiento; la instrucción sólo con el conocimiento, con habilidades y estrategias.  Podemos ser hábiles para discutir pero esa habilidad podemos ponerla al servicio de la mentira o de la verdad; podemos ser hábiles en el laboratorio químico pero esa habilidad ponerla al servicio de la destrucción del planeta, de la guerra.  Una es la información y otra es la formación.

  La educación es autoeducación pues sólo cada uno puede educarse a sí mismo.  Somos seres íntimos: nadie puede existir mi existencia, pensar mis pensamientos, decidir mis decisiones: Cuando digo “decide tú” ya estoy decidiendo… Por mucho que amemos una persona, no podemos doler su dolor: cada cual debe doler su dolor de muelas y alegrarse con sus alegrías.  Si tú estás triste, tal vez también me ponga triste; entonces seremos dos personas tristes, cada uno sintiendo su tristeza sólo que en compañía del otro.   Por lo mismo, sólo cada uno debe tomar la decisión de educarse, de actuar educativamente; perfeccionarse, ser mejor. Ahora bien, si la educación es autoeducación,  por qué hablamos, entonces, de grandes o malos educadores y de la profesión de educar.

10º  Debemos hacer una distinción entre causa e influencia: la causa es la determinante de la existencia de algo; siempre es interna o íntima.  La causa de que un vidrio se quiebre cuando se le tira una piedra, es su fragilidad; si no fuera frágil no se quebraría ni con un balazo; de hecho, existen vidrios antibalas.  En cambio, llamamos influencia para referirnos a lo que ayuda o dificulta la acción de la causa: para que un vidrio frágil se quiebre, es suficiente echarle agua caliente, tirarlo a suelo, pegarle un cabezazo, un terremoto… etc.  Aplicado al ser humano, podemos decir que si la persona es débil de voluntad (causa) es fácil que cualquiera la convenza (influencia).
                Respecto a la educación, debemos decir que cada cual es causa de su educación – es autoeducación- sólo yo soy educador de mí mismo. El profesor, nuestros padres, los medios de comunicación pueden influir más o menos o nada – positiva o negativamente- en mi educación.  La influencia dependerá de nuestra madurez, sabiduría, convicciones, fuerza de voluntad, raigambre moral. Por ello, la famosa frase “La ocasión hace al ladrón es falsa; pues es el ladrón el que busca la ocasión”  Quien es honrado por convicción, aunque tenga todas las posibilidades de robar, no robará: es educado en honradez; es honrado.
                Llamaremos, entonces, educador a quien influye positivamente en la auto educación de los demás, creando situaciones educativas que orienten, guíen al educando.  El educador enseña; pero es el educando quien siempre tendrá la última palabra: él decidirá si aprovecha o no la oportunidad que se le ofrece.  Inversamente, a pesar de las malas influencias, de las presiones para actuar indebidamente, tomar malas decisiones, no hacer lo que se debe hacer, el educando se educará, superando las adversidades que provienen del exterior y sus propias limitaciones.  El gran pianista, es un gran pianista, gracias a su don y voluntad de serlo: el gran maestro de piano sólo le cooperó e influyó positivamente.

11º  Sistema educativo: Debido a que auto educarse o educar es complejo, requiere de constantes decisiones, acciones, colaboración, programas, leyes, materiales o medios diversos… Así, organizamos las acciones, hacemos proyectos, planificamos, esto es, creamos instituciones que se organizan sobre la base de un sistema educativo que se supone sustentado en una política educativa... Llamamos sistema educativo, a la forma como cada persona o grupo de personas organiza diversas acciones para educarse: lecturas, tiempos de reflexión, diálogos, indagación, experimentación, trabajos, programaciones, estrategias de aprendizaje, evaluaciones, medios económicos, etc.  Por extensión, se usa la palabra sistema educativo para referirse a la organización de las acciones educativas a nivel formal mayor: sistema educativo de una escuela, de una comunidad, de un país.
                Sin embargo, es bueno tener presente que  un sistema no tiene substantividad, quienes la tienen son las personas; por lo cual un mismo sistema educativo puede tener éxito o fracaso, dependiendo de las personas que lo ejecutan.  Por ello, un mismo programa de estudio puede ser muy diverso, dependiendo de sus actores educativos: educadores – educandos.

12º Por último, digamos que llamamos educatividad a esta capacidad de facilitar (influir) positivamente en la educación de los demás, poniendo al servicio de ello todas las potencialidades.  El educador es un creador de situaciones que instan al educando a educarse.  Sócrates es un símbolo de los educadores, pues dio su vida por enseñar la verdad. [i]





[i] Tres atenienses – el poeta Meleto, el político Anito y el orador Licón- llevaron a Sócrates ante un tribunal conformado por quinientos (500) hombres, elegidos al azar.  280 votos contra 220,  decidieron su muerte.  Sócrates no era de gusto popular; sus constantes interrogantes, en busca del sentido y de la sensatez, echaban por tierra muchas de las opiniones generalizadas que dirigían la vida ateniense; sus cuestionamientos, eran un riesgo… El escritor y presentador de tv. Francesa, Alain de Botton, en uno de sus viajes, se encontró frente a una postal que reproducía la pintura “La muerte de Sócrates” de Jaques-Louis David. No pudo dejar de contemplarla y reflexionar sobre “el agudo contraste entre el comportamiento que retrataba y el mío propio.  En las conversaciones, mi prioridad era gustar más que decir la verdad. (…) No se me ocurría poner en duda públicamente ideas que gozasen de común aceptación.  Perseguía la aprobación de figuras de autoridad… Pero el filósofo no se había doblegado ante la impopularidad y la condena del Estado.  Además, su confianza brotaba de un manantial más profundo que la bravura o la exaltación impetuosa.  Se cimentaba en la filosofía” (“Las consolaciones de la filosofía”. Ed. Santillana, Madrid, 2002, pág. 16-17).  Más adelante, De Botton agrega “En toda sociedad se manejan nociones referentes a qué creer y cómo comportarnos con el fin de evitar la desconfianza y la impopularidad (…) forma de vestir, los valores económicos que deberíamos adoptar, las personas a las que deberíamos apreciar (…)” (Ibíd. pág. 19).  Estimados alumnos(as), hoy les invito a preguntarse: ¿Cuáles son las convenciones que en el presente gozan de popularidad y que volverían, tal vez, a condenar a Sócrates?  ¿Qué es lo que hoy hay o no hay que decir, hacer, pensar, sentir o creer para ser popular; o acaso la popularidad hoy no es importante?
                
                Fácil es hablar pero difícil es saber de lo que se habla y a esto último era a lo que Sócrates instaba. Para él,  la opinión incluso verdadera era insuficiente, si no se podía justificar a través de sus por qué y dar razón de ella ante sus posibles objeciones: Conocer, decía, implica comprender por qué algo es verdadero y por qué sus alternativas son falsas. Precisamente, dar razones de lo que se dice, no es bienvenido en mundos donde tienen éxito los opiniólogos y lo correcto o incorrecto se decide por mayorías… 20 votos decidieron la muerte de Sócrates. Para Atenas, la opinión de la mayoría se equiparaba a la verdad. ¿Qué es, entonces, lo que actualmente debe preocuparnos: La cantidad de gente que se opone a lo que pensamos o hasta qué punto cuenta con razones para pensar así?


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