Desde la perspectiva de una pedagogía educativa que tiene presente a la persona
humana como un todo indivisible, podemos distinguir fases que siempre
involucran ese todo y trabaja colaborativamente con los demás, en una
convivencia en paz. Así, el pedagogo debe saber crear situaciones educativas,
que impulsen integralmente el proceso educativo, en sus distintos aspectos:
2.3.1 Primera fase: Preparación para vivir
el encuentro
Causa de muchos desvíos de la existencia y despersonalización de la misma, es
la carencia de un sentido por el cual vivir. Deambulando por la vida, sin
una dirección, sin un proyecto de ser, actuamos reactivamente. El desinterés,
desgano, acidia, aburrimiento van disminuyendo cada vez más las energías que
necesita toda persona para configurar un modo de ser que enfrente los retos u
obstáculos que le presentará la vida y los propios errores que debemos salvar
para realizarnos. Sin energías, sin creatividad, sin un para qué vivir,
no estaremos en condiciones de fundar ámbitos de fecundidad necesarios para
crear el ambiente educativo y el encuentro pedagógico.
Mis decisiones trascienden mi ser; mis errores o aciertos no sólo me afectan a
mí sino a otros; no soy un ser aislado, cerrado, sino abierto y actuando sobre
otros seres. Es más, dada la naturaleza de nuestra realidad, descubriremos más
tarde o más temprano, que sólo nos realizamos en el encuentro. Sin desarrollar
la capacidad de encuentro, no seremos capaces de atender a la verdad de la
realidad, ni descubrir la belleza natural como tampoco recrear la belleza de la
obra de arte y valorar al artista, tampoco tendremos la fuerza de se para
actuar correctamente, a pesar de los obstáculos, ni la sensibilidad para amar
al semejante… Si queremos enseñar las ciencias, las artes, las tecnologías, la
naturaleza y el ser humano, lo trascendente, debemos aprender a crear ámbitos
de convivencia fecundos; por ello, educar para el encuentro debe ser uno de los
propósitos centrales de todo quehacer formativo.
Educar la capacidad de encontrarse, requiere
enseñar, es decir, ocasionar situaciones que permitan:
a) Distinguir entre objetos y ámbitos: Si trato las realidades ambitales y las cosas u
objetos del mismo modo, confundido, valoraré lo que es útil y despreciaré o
rebajaré la dignidad de lo valioso. Las cosas son asibles, utilizables,
canjeables, a-personales, tienen precio; las realidades ambitales, en cuanto
personales, deben requieren ser acogidas, valoradas como tales. Un objeto –un
piano- puede ser elevado a realidad ambital, en la medida que la persona lo
“habita”: esa interpretación musical que extraigo de “mi piano”, ese regalo que
representa un momento único de mi vida, nuestro hogar…, nuestra Universidad…
b) Distinguir hecho de acontecimiento: Un hecho es un dato observable, medible,
encasillable en un espacio y tiempo. Un acontecimiento es un algo que nos
acontece, que nos impacta, que conmueve nuestro ser, que no nos deja
indiferentes, sino conforma la historia de nuestra existencia. Para captar la
diferencia entre hecho y acontecimiento, debo captar su sentido. Para
algunos, entrar a la Universidad puede ser un hecho; para otros, un
acontecimiento…
c) Distinguir significado de sentido: El significado lo da la comprensión abstracta de
los conceptos. El significado lo encuentro en un diccionario. Así, si sé lo que
significan los conceptos “mi”, “padre”, “muerte”; es claro que tendré claro el
significado de la frase “murió mi padre”; pero no el sentido tan distinto que
tiene esa misma frase dicha en dos personas cuyas vidas han sido entretejidas
de muy diversa forma según él sentido que ha alcanzado en ellas la presencia de
su padre...
d) Distinguir entre producto y obra: Un poeta no produce o hace poemas; los crea. Los
productos pueden reproducirse en forma automática. Un producto requiere sólo de
la técnica que requiere su producción. Cada creación, en cambio, es
única; expresa un momento único de un ser también único; lo expresa; lo
extiende en el tiempo… El poema “Éramos los elegidos del sol” de
Huidobro, surgió en un momento irrepetible y es, por lo mismo, irrepetible”
La creación transfigura la realidad en un sentido
de belleza, intimidad o religiosidad: el palo de escoba para el niño se
transforma en su caballo; la casa humilde en una morada –hogar; el pañuelo en
un símbolo de amor…
2.3.2 Segunda fase: Recreación y encuentro
Es
posible crear formas de unidad profundas y fecundas que no implican un
apoderamiento o uso de la realidad o de las creaciones realizadas por otros;
sino por el contrario, requieren de nuestra actitud de respeto, entendimiento
creativo y no por ello manipulación o lejanía. Refiriéndose a esto, Alfonso
López Quintás dice: “Una vez vivida esta experiencia, verás con toda
nitidez que la libertad y los cauces normativos se complementan cuando se vive
de forma creativa; no se oponen”. (“Cómo lograr una formación integral”. Ed.
San Pablo. Madrid 1996; Pág. 46).
Respeto
e inspiración se unen cuando vivimos desde y hacia lo profundo, lo valioso, lo
fecundo...cuando somos capaces de abrir nuestro entendimiento, nuestro
“corazón” para otra realidad que me solicita o inspira… Para acoger una obra o
una realidad ambital, debo re-crearla, vivenciarla, interpretarla, hacerla
íntima hasta que reviva en mí. La obra renace gracias a mí y a su vez me
potencia, inspira, realiza. Es una experiencia
reversible: “voy en busca de una obra y la configuro en virtud del impulso
que ella misma me otorga” (Ibíd. Pág. 46). Esta experiencia es requisito para
existir en plenitud los ámbitos personales: amorosos, artísticos, científicos,
éticos, religiosos, etc. Se trata de ser capaz de llevar a cabo la experiencia
de encuentro: experiencia reversible que se das entre seres personales;
entreveración de almas; diálogo. El encuentro me apela, me suscita, me
inspira…voy al encuentro no bajo el esquema dices-efectúo o actúas-padezco sino
co-participamos, co-creamos, nos invitamos, hacemos nuestro, colaboramos. Por
ello el encuentro requiere de amabilidad versus violencia, confianza versus
temor; valoración versus abuso.
La
finalidad educativa, o en lenguaje de moda “competencia” de todo educador, debe
ser “enseñar a fundar ámbitos fecundos de recreación y encuentro. A lo largo de
la vida descubriremos que cada realidad (nosotros mismos) no somos cosas sino
ámbitos, posibilidades que se abren y ofrecen una riqueza insondable de
posibilidades a la mirada inspirada.
2.3.3 Tercera fase: Aprender a usar el lenguaje
en toda su fecundidad
El
lenguaje no es sólo un medio para
comunicar algo; tampoco encontramos en esta función su mayor energía ni su
fuerza formativa.
El lenguaje crea ámbitos: Ámbitos de belleza, de acogida, de bondad, de
religiosidad. Por lo mismo, un lenguaje impulsado por el odio o por el afán
manipulador se autodestruye porque anula toda posibilidad de encuentro. De ahí
el cuidado con el uso de los llamados “términos talismanes” o “esquemas
dilemáticos” que prejuzgan en la medida que están vacíos de significado y
sentido; buscando el poder y para ello escisiones arbitrarias, simplificaciones
falsas en una mirada superficial de la realidad. La creación de ámbitos, la elevación de objetos a ámbitos, no es
posible si se carece de la capacidad de integrar vertientes diversas de la
realidad: libertad y compromiso, sacrificio y felicidad, intimidad y
expresión, dignidad y servicio; son algunos ejemplos de la unidad de diversos
en lo profundo.
La palabra, la imagen y el silencio son
vehículos expresivos del encuentro: Es cierto que cada palabra tiene un
significado que debemos conocer pero ese significado debe ser fecundado por
nuestras vivencias de encuentro, de tal modo que “den cuerpo” a las realidades
ambitales, permitiéndonos comunicarnos y comunicar un sentido único; no sólo
comunicar “algo”.
Necesitamos
conocer las palabras guardadas en diccionarios, necesitamos conocer su
significado y usarlas para correctamente comunicar algo; pero el lenguaje tiene
un sentido superior: puede alumbrar modos únicos y originarios de sentido.
Mediante el lenguaje expresamos acontecimientos, pensamientos originarios,
credos, sentimientos, poemas, mundos imaginarios y mundos descubiertos…
Mediante
el lenguaje conformamos el armario de nuestra alma, nuestras convicciones,
decisiones, hacemos propuestas y re-cordamos. Por ello, cada obra literaria es
el fruto del encuentro de un hombre con una vertiente de la realidad, en un
momento único de su historia de vida.
2.3.4 Cuarta fase: Cultivar el
descubrimiento de los valores que impulsan la vía de plenitud
La complejidad de nuestro ser,
de nuestra existencia, nos lleva a distinguir entre energías que nos encapsulan
en un egoísmo que va al mundo ansioso de poder y esas otras energías que me
llevan a realizarme en un servicio de amor a los demás.
Egoísta, me siento
centro del universo y toda realidad que se me presenta la considero medio de
mis propósitos. Deseo dominar, poseer y disfrutar las realidades que aparecen
deseables a mis impulsos de satisfacción. Paradójicamente, la realidad que
apetezco para satisfacción de mi ego, me seduce, me fascina. Al adueñarme de
estas realidades, al poner el sentido de mi vida en las cosas, al reducir lo
ambital a lo cósico, siento euforia, exaltación; pero al mismo tiempo, esta
visión del mundo y de mi propia existencia me rebaja, me anula en mi condición
personal, me insensibiliza para los valores más nobles, me deja en la soledad
de quien es incapaz de encuentro: es el proceso de vértigo.
Tanto el vértigo como el éxtasis conducen a emociones
intensas; pero el primero es la caída del hombre que lo lleva a la pérdida,
destrucción de sí. La pasión, las drogas, la velocidad, las sensaciones, son
estimuladas al máximo, sin importar cómo ni a riesgo de qué. Se confunde, entonces, la exaltación con la
exultación que es, por oposición, el goce de la auténtica realización personal.
Vídeos “Requiem
por un sueño”, “Cisne Negro”;
exponen,
magistralmente, la caída del ser humano.
El éxtasis emerge desde
la vocación de ser, de ser personas que van al encuentro de otras personas y
dispuestas a la generosidad, al respeto, agradecimiento, responsabilidad,
compromiso, sacrificio de amor. En esta vía de éxtasis, se despliega la
sensibilidad para la grandeza de los valores, de los ideales, de la nobleza, lo
sagrado, el respeto, la piedad. Es el ámbito de la felicidad, del encuentro; de
la apertura a los valores aunque estos nos exijan esfuerzo y no nos ofrezcan
placer, posesión, poder. Los valores confieren dignidad a nuestras acciones
porque expresan la dignidad de nuestra esencia de ser. Los valores se revelan a
quien participa de ellos: quien quiera descubrir el valor de la justicia no
debe limitarse a informarse sobre ella, pues sólo sabrá de ella quien la
vivencia a través de una vida justa, de actos de generosidad, de fundar
vínculos de armonía, equilibrio, colaboración. (Alfonso López Quintás,
contempla cinco fases; pues separa la distinción de las experiencias de vértigo
y éxtasis del descubrimiento de valores. Nosotros pensamos que es mejor
presentarlas integradas, para facilitar su comprensión.)
Cuando se ha producido el encuentro y la recreación; el lenguaje convierte todo en una fiesta
ResponderEliminarEs el juego de las almas; la danza del amor...
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